Enfermedad mental y estigma - Cómo se crea el estigma
Los medios de comunicación son la fuente principal de información sobre la salud mental para el 90% de la población, especialmente la televisión y los periódicos. Su potencial para promover la salud mental, mejorando así los niveles de educación, sensibilización y conocimiento de la población y cambiando las actitudes, es evidente.
Un estudio realizado en 1985, citado por el programa internacional Open the Doors, sobre actitudes entre periodistas, psiquiatras, pacientes sin antecedentes psiquiátricos y pacientes psiquiátricos hospitalizados, mostró que los/las periodistas no mostraban una menor aceptación de la enfermedad mental que el resto de los grupos. Las razones que dieron para justificar la representación negativa de la enfermedad mental incluían la “venta del sensacionalismo” y los factores de tiempo y coste en una profesión donde la rapidez, la urgencia y lo inmediato son fundamentales.
Titulares reales: “Un esquizofrénico desata el terror en una escuela al asesinar a puñaladas a ocho niños”, “Un guardia civil reduce a tiros a un enfermo de esquizofrenia”, “Manifestaciones de los vecinos contra la casa de esquizofrénicos”, “Un guardia civil salva la vida ante el loco que le arrebató el arma”.
Los medios a menudo desarrollan, de forma inconsciente y como parte de la sociedad que son, la labor contraria, perpetuando las falsas creencias y los estereotipos. Y hay que tener en cuenta que tienen una doble función como fuente de estigma: directa sobre las personas con enfermedad mental y sus familiares e indirecta al reforzar las concepciones negativas que tiene la sociedad.
Las representaciones de las personas con una enfermedad mental son negativas y se les asigna casi siempre el papel de los trastornados que son temidos, rehuidos, rechazados, causantes de vergüenza y castigados. En diarios e informativos, estas noticias suelen aparecer en la sección de sucesos, estableciendo una relación de los hechos con la patología, que se destaca en los titulares, a menudo alarmistas y sensacionalistas. Por el contrario, las informaciones positivas siguen un modelo paternalista, que destaca la minusvalía y las carencias.
En estudios realizados sobre medios de comunicación, se constata que las personas con enfermedad mental a menudo son retratadas como “maníacas”, no se puede confiar en ellas y son presentadas como criminales, delincuentes violentos, asesinos o violadores. El número de reportajes que asocian enfermedad mental a violencia es cuatro veces mayor que los que ofrecen una actitud positiva (Runte, consultar la sección de Documentos). En la representación audiovisual, en la televisión y en el cine, no suelen aparecer personajes con enfermedad mental y cuando aparecen la violencia, y en el menor de los casos la incapacidad, se muestra como inherente a su enfermedad y, por tanto, ineludible. La mayoría de los personajes con enfermedad mental no sólo son peligrosos, sino que tienen un toque de maldad que justifica la desconfianza, el fracaso final y la persecución. Muy rara vez la enfermedad mental se muestra como una característica más de la persona, que además lleva una vida caracterizada por otras circunstancias, semejantes a las del resto, como tener éxito o fracaso en el amor, en la vida profesional, etc.
Prácticas comunes que perpetúan el estigma:
Acciones de sensibilización para la aceptación de la enfermedad mental y las personas que la padecen.Más información