Enfermedad mental y estigma - Cómo se crea el estigma
Profesionales de la salud, y especialmente en atención primaria y urgencias, son señalados por las personas con enfermedad mental como fuente de estigma. En primer lugar, porque su percepción de la enfermedad mental es parecida a la de la población general.
Profesionales de la salud mental: “Las familias no colaboran”, “Otros trastornos son menos difíciles de llevar”, “El diagnóstico es un problema: si lo decimos, creamos un estigma, si no lo decimos, las personas no saben cómo afrontarlo”, “Hay mucho trabajo”.
Profesionales sanitarios: “Eso no es problema mío”, “No sé qué hacer”, “Esa gente me da miedo”, “Hay que llamar al psiquiatra de guardia”, “Ese dolor que dice que tiene… delira, alucina”, “No tengo conocimientos para atender a esa persona”.
A veces estos y estas profesionales no logran atender ni entender a las personas con enfermedad mental cuando acuden con otros problemas de salud, lo que se traduce en una falta de adecuación del trato a la individualidad que presenta la persona. En urgencias, la influencia negativa que impone la patología les lleva a no reconocer la enfermedad física que puedan presentar o argumentan no poseer conocimientos específicos para atenderla, alertados sobre la enfermedad mental. Prefieren derivar a especialistas de salud mental, aunque el problema de salud por el que acude la persona es completamente ajeno a su enfermedad mental.
Incluso los y las profesionales que trabajan en salud mental, a menudo muestran actitudes similares hacia los y las pacientes, atendiendo a la patología y no a la persona que la presenta. Las personas con enfermedad mental y sus familiares afirman haberse sentido estigmatizados a veces por actitudes de rechazo, comentarios despectivos, consejos desalentadores o poco prácticos sobre la enfermedad, de no recibir información adecuada sobre la enfermedad o el tratamiento, e incluso de sentirse ignoradas o culpables a causa del comportamiento del o la profesional.
Los estudios señalan diversas posibles causas. Por ejemplo, una concepción poco humanista de la salud mental y la psiquiatría, de forma que se deja de considerar a la persona como un individuo para entenderla como el objeto de trabajo o de su ciencia. Los tratados de psiquiatría terminan además en innumerables clasificaciones de los trastornos mentales y el o la psiquiatra puede adoptar un estricto modelo biológico. Esto conlleva que se identifique al paciente con la patología y no se consideren o no se conozcan la subjetividad y los aspectos sociales. La persona pasa a ser “el enfermo”, “la paciente” o, en último término, “el/la cliente”.
Una causa profunda puede ser la propia estigmatización y las actitudes negativas sobre la profesión y la práctica clínica de la salud mental y la psiquiatría, aunque ellos y ellas no lo perciban. A ello se suma cierto desprestigio social: los psiquiatras han sido usualmente criticados y satirizados en los medios y considerados "los médicos brujos actuales". Parte de la población puede percibir al colectivo como distante, indiferente, en una torre de marfil y con unos honorarios elevados a los que no encuentra justificación.
Acciones de sensibilización para la aceptación de la enfermedad mental y las personas que la padecen.Más información